Archivo de la categoría: Marketing Cultural

Entrar al Museo del Prado: el precio de la cultura

El Museo del Prado ha subido recientemente el precio de sus entradas generales de ocho  a diez euros. Las entradas pasan a servir para todas las exposiciones, temporales y permanentes. Esta medida no altera la política de precios especiales reducidos y de ofertas que por algo más de dinero dan valores añadidos, por ejemplo llevarse a casa La guía del Prado.

Esta decisión está tomada para facilitar las vistas de los públicos que hasta ahora estaban obligados a elegir con antelación un tipo de entrada según los fondos que quisieran visitar. Expresa la estrategia del Prado de estar atento a sus usuarios, de escucharles y facilitar sus visitas, para lo que ha ido modernizando su modelo de gestión, comunicación y relación con los públicos. Expresa, también, la tendencia a acercar algo el precio a la realidad de los costes del servicio ofrecido.

Por eso la medida plantea, de paso, una reflexión sobre el precio de la cultura. No son pocas las personas que en España consideran que la cultura y el arte debe ser gratuito, confundiendo libertad de acceso con gratuidad. Como ya sabemos, y más en los presentes momentos de crisis, todo cuesta y todo ha de ser pagado, venga de los presupuestos de instituciones públicas, de mecenas o patrocinadores, o del bolsillo de los ciudadanos interesados. El precio de las entradas muestra, en parte, el valor atribuido a la cultura. Por la institución correspondiente, y por los públicos. Y hasta ahora, las políticas  de precios cercanas al cero no han contribuido a prestigiar la cultura ni a hacer más público.  Son la educación, una adecuada política de promoción y un modelo de atención a las audiencias que las sitúe en el centro de la actividad de las organizaciones culturales las medidas que darán verdadero valor a la cultura. Aunque el acceso sea algo más caro.

(no olvidéis suscribiros al blog, es muy fácil, sólo tenéis que escribir vuestro mail donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha, y recibiréis un aviso con cada nuevo post)

4 comentarios

Archivado bajo Audiencias, Cultura, General, Marketing Cultural, Políticas culturales

Marketing para hacernos oír…y para escuchar

Me encuentro en el centro de la vorágine organizativa de la I Conferencia de marketing de las Artes que se celebrará en Madrid a comienzos de octubre. Asimétrica, un jovencísimo proyecto empresarial en el que me embarqué hacia Itaca junto a un dinámico y brillante socio, Raúl Ramos, asumió la tarea de impulsar un encuentro entre quienes nos dedicamos a hacer del arte una necesidad buena de los ciudadanos, un encuentro entre quienes creemos que el arte es una necesidad salvífica.

La Conferencia ha despertado una enorme expectación, por ser la primera y, sobre todo, por las extraordinarias voces que van a aportar reflexiones y experiencias útiles en unos momentos de especial necesidad para las organizaciones.

El marketing, que en su historia ha centrado su atención sucesivamente en el producto y en la fuerza de ventas, centra desde hace años sus objetivos en el público. Sin embargo el enfoque dominante sigue situando a los públicos como destinatarios y no como jugadores y decisores. Solamente con la boca pequeña se dice que es el público quien manda. El marketing debe estar atento, escuchar lo que los públicos quieren y cómo lo quieren; y de lo que no. Y tomar medidas.

El marketing es una excelente herramienta de conocimiento del otro y de sus necesidades, tendencias y gustos. Pero no debe serlo únicamente para hacer llegar mejor los mensajes de productos o servicios a los públicos. El marketing guapo establece y genera retornos informativos de los receptores y debe poner los medios para que esos retornos influyan en el futuro. De nada sirve preguntar, encuestar, poner botones en la web si el usuario percibe que nada cambia aunque opine. La cosmética mata el marketing y desde esta perspectiva, el marketing cosmético dinamita la relación entre los creadores y productores y sus públicos.

Lo dicho, hablar para escuchar. Escuchar para cambiar.

(no olvidéis suscribiros al blog, es muy fácil, sólo tenéis que escribir vuestro mail donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha, y recibiréis un aviso con cada nuevo post)

5 comentarios

Archivado bajo Audiencias, Marketing Cultural

Lecciones de gastronomía para la cultura

Vengo de Donostia, de un intenso fin de semana de jazz y cultura (Jazzaldia)  y también, inevitablemente, gastronómico. He recibido varias lecciones de cómo tratar a los públicos, de cómo organizarles experiencias que recuerden y que salgan encantados, en definitiva de marketing cultural.

La primera lección –y no barata precisamente- fue en un restaurante, en el precioso espacio de Martín Berasategui, en Lasarte. Su compendio de placeres para el cuerpo viene recomendado por sus tres estrellas Michelín, por lo que me ahorro elogios. En su casa me hizo sentir como en la mía. Todo el trato y la atención se orientaban a proporcionar una experiencia memorable a los comensales. En todos los detalles, se percibía que alguien había hecho el recorrido previamente para definir el trato, los tiempos, los colores, el volumen del sonido, la temperatura, los mensajes…, para que quienes vinieran después se sintieran fascinados. Ya cuando subíamos las escaleras la puerta de entrada se abrió de modo aparentemente mágico y la maitre se adelantó a saludarnos y recibirnos. Berasategui en cuerpo mortal salió a saludar uno a uno a cuantos ese día comimos de su mano, preguntándonos –aparentemente con verdadero interés- por la satisfacción alcanzada . ¡Qué envidia, por favor! Me recordó que los Tricicle, suelen hacerlo: salen corriendo al hall del teatro para despedir, uno a uno, a cuantos esa noche han acudido a verles. Bajando del pedestal a agradecer su visita a los mortales que pagan.

Y es que el encuentro del arte con el cliente/receptor/usuario es un momento maravilloso y lleno de oportunidades que desde la gestión puede convertirse en experiencia memorable, que muchas veces desaprovechamos. Aprender de cómo los grandes cocineros se relacionan con sus clientes.

También tuve dos experiencias de las que aprender por vía menos positiva, claro. En Getaria, precioso puerto cercano a  Zarauz, acudí al Museo Balenciaga. La construcción es magnífica y a buen seguro de que cuando lo llenen de contenidos culturales añadidos a la colección, ganará mucho, el museo y el pueblo en el que ha de integrarse. Lo que me sorprendió fue que el contacto con el personal del museo se redujera al pago de la entrada. En el recorrido, de más de dos horas, no volví a ver a ser humano de la casa al que trasladarle grito o susurro alguno. A la salida, tras comprobar que nadie solicitaba mi opinión sobre lo visto o me pedía datos  para enviarme información, yo mismo me decidí a pedir una hoja para darles mi contacto y estar al tanto de sus actividades. A todos nos gusta dejar huella de nuestro paso. A las organizaciones culturales debería encantarles quedarse con ellas. Con las huellas, digo.

Finalmente un domingo lluvioso, como solamente llueve en el norte, fui a disfrutar de otra noche de jazz en la plaza de la Trinidad. Primero Avishai Cohen Trío (a destacar su Alfonsina y el mar cantada al contrabajo. Vedla en You tube), y luego la estrella Cassandra Wilson. La estrella actúo como si el patio de butacas estuviera a resguardo de la hostil naturaleza y abajo no tuviéramos más que deleitarnos con los cánticos suaves, lentos de la Wilson. Pero el caso es que llovía. Y en hora y media ni una sola referencia al sufrimiento del público, ni un atisbo de comprensión, ni un guiño. Una cuarta pared cerraba los ojos y el alma de la cantante que daba la sensación de ser hielo. Y el hielo no atrae amores.

(no olvidéis suscribiros al blog, es muy fácil, sólo tenéis que escribir vuestro mail donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha, y recibiréis un aviso con cada nuevo post)

4 comentarios

Archivado bajo Audiencias, Gestión cultural, Marketing Cultural

De cigüeñas. No, de vuelos.

Almagro. Desde el ático-terraza del hotel Gran Maestre diviso la inmediata iglesia de San Bartolomé. Entre sorbo y sorbo del primer café observo el nido de cigüeñas que corona el campanario. Dos jovencísimas y ajetreadas cigüeñas dan lo que a todas luces son sus primeros pasos; bueno sus primeros vuelos. Aletean torpemente y consiguen ascender verticalmente y sostenerse en el aire apenas dos segundos. Cuando lo han hecho varias veces se acercan al borde del tejado con la aparente intención de pasar del juego al vuelo. Inclinan el pico hacia abajo y tras ver la distancia al suelo retroceden a cortos pasitos y siguen ensayando el ascenso vertical. Sus padres –es una suposición, claro- los observan despreocupados conscientes de que la genética acabará imponiéndose.

Estamos en la Escuela de La Red de Teatros. Asimétrica organiza un taller de Marketing cultural, Ticketing y Audiencias y una frase de Roger Tomlinson me hace volar. “No hay relación con los públicos si no dialogamos con ellos”. Sí, sin duda ese es el corazón del marketing cultural. Porque se dialoga con aquel a quien conoces, a quien escuchas, a quien respetas. Y el público, cada una de las personas que gustan del arte y de la cultura, quiere ser escuchado, respetado;  y tomar sus decisiones.

El segundo día, intervengo al final del taller para decir que la formación, el conocimiento se adquiere invirtiendo en preguntas; nuevas y más complejas preguntas cada vez. Que solamente podemos avanzar, volar, haciéndonos preguntas inteligentes, comprometidas; esas preguntas que como el amor verdadero son tan difíciles de hallar. Que solamente haciéndonos ricos en preguntas y dudas podremos encontrar las respuestas adecuadas llegado el momento.

En la misma sesión propuse crear un Carnet o un pasaporte profesional para cuantos vivimos por y para el espectáculo en vivo. Un pasaporte por el que paguemos una cantidad justa y que nos permita entrar en cualquier espectáculo del país. Un carnet que acabe con la lacra de las invitaciones. Un carnet que ayude a poner en valor el arte. Porque el arte no se regala, se alcanza en los cielos.

Allí les dejé anoche, cuando me vine de vuelta volando a Madrid.

2 comentarios

Archivado bajo Audiencias, Gestión cultural, Marketing Cultural

Fotocopias gigantes de arte

Acaba de ser inaugurada en el madrileño Paseo de Recoletos una exposición de calle con veintitrés obras digitalizadas del Museu Nacional d’Art de Catalunya. La iniciativa persigue “acercar el patrimonio artístico de esta institución a los vecinos y turistas de la capital.”  Galería Urbana MNAC-Recoletos, se llama.

Las reproducciones, espléndidas, corrían a cargo de Hewlett Packard, empresa que de este modo obtenía a cambio de este apoyo su cuota de relevancia y comunicación. Renfe ha colaborado también impulsando con la decoración  de la estación de Recoletos a que sus viajeros visiten la exposición.

Qué bien. Qué bien ver arte inundando calles, aunque sea en fotocopia; qué bien que diversas empresas colaboren con propuestas culturales y ciudadanas; qué bien encontrar fórmulas innovadoras de provocar a los espectadores a ver pero también a ir más allá, al museo mismo; qué bien ver a Alberto Ruiz Gallardón junto a Narcís Serra, presidente del patronato del MNAC, y a María Teresa Ocaña, su directora, disfrutando de maravillas artísticas, y acompañados de José Antonio de Paz, presidente de HP España.

Los lugares, formas y formatos de encuentro entre los ciudadanos y el arte son cada día un terreno de descubrimiento de exploración, que nos aporta agradables sorpresas. La cultura y el arte ofrecen al ciudadano un ámbito donde su alma puede crecer y hacerse más rica. Qué suerte que quienes gestionamos o aportamos algo a ese servicio público podemos cada día soñar nuevos caminos para una labor tan bella.

(no olvidéis suscribiros al blog, es muy fácil, sólo tenéis que escribir vuestro mail donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha, y recibiréis un aviso con cada nuevo post)

Deja un comentario

Archivado bajo Innovación, Marketing Cultural

El jardín vallado, o la poética del CRM


O el invernadero, o cómo cuidar las más bellas flores… Roger Tomlinson es un experto mundial en ticketing y CRM (Customer Relationship Management), esa nueva y antigua profesión que consiste en responsabilizarse de  que las relaciones con los clientes sean satisfactorias para ellos, y Roger, ayer, cerraba los I Talleres de Ticketing, Marketing y Audiencias, organizados por ASIMETRICA.

Cuando habló de esa metáfora sobre la labor de quienes se ocupan de los clientes –como cuidadores de un jardín vallado a las pisadas- la poesía inundó el a menudo árido campo del marketing: el público convertido en bellas flores que reclaman atención y cuidados específicos de calor, humedad, tierra; o traducido: información adecuada e individualizada, propuestas artísticas ad hoc, tarifas y valores añadidos que tengan en cuenta sus rasgos como espectador… Y el trabajo de los gestores transmutado en hábiles cuidadores que hablan a las flores y les preguntan cómo se encuentran más cómodas y qué precisan para disfrutar más del sol, es decir, del arte.

Ya, ya sé que las metáforas no lo son todo, pero cuando alguna te pilla, como aquellas de Pablo Neruda cuando hablaba de amor –“y tiritan azules los astros a lo lejos”, ¿recuerdan?- sientes que tu trabajo puede ser bello y creativo. Porque en realidad la tarea de los gestores culturales y los responsables de la relación con los públicos tiene que ver poco con la tecnología, aunque sea ésta hoy su principal herramienta. La cuestión de fondo, la esencia de su trabajo, es hacer más fácil, satisfactorio y duradero el acercamiento de las gentes al arte, y con ello contribuir humildemente a mejorar la sociedad, el mundo.

Claro que eso implica recoger datos, tratarlos, comunicarse, establecer estrategias de precios y de servicios complementarios, manejar con soltura las redes sociales…; claro que se persigue también –y cómo no- una mayor eficiencia y rentabilidad del trabajo y las inversiones de las organizaciones artísticas. Pero la esencia es aportar a las relaciones con los públicos el factor humano, atender también a sus emociones, hasta convertirse en un intérprete de sus necesidades, en un suerte de amigo cultural.

A veces la filosofía y la poesía impregnan un poquito nuestro día a día. Qué bien, por favor, aunque después de haberme leído el resultado quede pelín pastel. Hoy me perdono.

2 comentarios

Archivado bajo Audiencias, Marketing Cultural