Algo más que Coleman

Timbre 4 es el  nombre de la cooperativa bonaerense que está detrás de esa pequeña joya escénica que es La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tocalchir. Durante unas semanas el Matadero madrileño acogerá tres de sus piezas, plenas de calidad interpretativa y verdad escénica.

Pero en esta ocasión lo relevante, lo que quería subrayar es el origen de este arte bueno: no está en grandes nombres de la escena, ni en cuantiosas subvenciones, ni en costosas campañas de promoción. El origen es una humilde cooperativa de la calle Boedo, en Buenos Aires. El modelo cooperativo argentino o sociedades accidentales de trabajo es un modelo específico de organización para la creación reglamentado por la Asociación Argentina de Actores. La cooperativa reúne coyunturalmente a artistas por el proyecto que los mueve, participando cada uno en la proporción acordada, con un régimen laboral específico y diferente, con unas responsabilidades individuales pactadas, con una estructura organizativa simple y que puede desaparecer al culminar la vida del proyecto. Un modelo que ha mostrado en sus frutos que puede ser un  excelente instrumento para agrupar y dar salida a creaciones que de otro modo no la tendrían.

En España la legislación sobre creación de empresas no atiende a las peculiaridades absolutamente únicas de los procesos y proyectos creativos. En España, para ser legal, un grupo de actores recién egresados que quieran poner en pie una obra de teatro son obligados a constituirse en empresa o asociación cultural, con unos mecanismos complejos de funcionamiento para los que además no han sido preparados.

Hay que cambiar algunas o muchas leyes; hay que arrumbar los prejuicios de sindicatos, sociedades de gestión de derechos, y áreas de gobierno implicadas (Trabajo, Seguridad Social, Industria…), y confluir en la generación de un modelo de empresa por proyecto para el ámbito de la cultura. Es urgente si queremos impulsar la creatividad y la innovación artística; es urgente si queremos capear mejor la crisis y que ésta afecte menos al arte.

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Se alquila coliseo romano a buen precio

Una de las cosas que  no envidiamos a los italianos es su primer ministro, Berlusconi. Sus exabruptos, chistes de mal gusto, fiestas vergonzosas y corrupción le habrían costado en España el puesto hace tiempo.  Bueno, al menos las fiestas. Por no hablar de sus estiramientos quirúrgicos, que hablan de una patética incapacidad para aceptar la edad y su belleza. Benito, uno de sus antecesores en el puesto de Primer ministro italiano allá por los años cuarenta, hubiera considerado una “mariconada” eso de estirarse la cara, algo que según su modelo trasnochado de masculinidad, un verdadero hombre jamás haría. Esa obsesión por la estética es común también a Gadafi, el caudillo libio amante del botox. ¿Tendrá algo que ver que Libia fuese colonia italiana?

En fin, hoy debo estar extraordinariamente disperso porque de lo que quería hablar es de la ¿venta, alquiler, cesión contractual? por parte de Berlusconi del uso e imagen del famosísimo Coliseo, el anfiteatro Flavio, construido ahora hace dos mil años, al empresario Diego della Valle.  Bueno, también le autoriza a construir en él un centro de servicios de su  empresa. El acuerdo, todavía no dado a conocer en su integridad, cede por quince años y en exclusiva los derechos de imagen y de alquileres urbi et orbi– a cambio de sufragar la restauración del Coliseo, que costará 25 millones de euros, una cantidad que todas las fuentes califican de ganga. Lo verdaderamente grave de esta decisión –ese es el quid de la cuestión- es que impide legalmente durante ese tiempo al estado italiano cualquier acción o aprovechamiento diferente de esa parte sustancial del patrimonio arquitectónico, histórico y cultural de Roma. Privatización temporal lóbrega y encubierta habemus.

Cuando defendemos la capacidad de empresas e instituciones privadas de gestionar algunos servicios culturales, excluimos expresamente la transmisión de la propiedad o el alquiler del patrimonio cultural. Aquello que configura la herencia cultural inmaterial y material de una sociedad ha de permanecer siempre en manos públicas que garanticen su puesta al servicio del conjunto de los ciudadanos.

¡Ah, Silvio Benito¡, algo huele a podrido en nuestra amada Italia, y curiosamente todos saben lo que es, pero ya se sabe… el traje nuevo del emperador.

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De museos y gestión, one more time

Hace unos días se inició el embargo de la Casa-Museo de José Padilla, en Madrid. Los familiares que gestionaban las propiedades y legado del maestro Padilla, autor ente otras muchas canciones famosas de Valencia, El relicario, o La violetera, habían solicitado en 1992 un préstamo de apenas 225.000, 00 € para hacer frente a la gestión; un préstamo que en sólo quince años se transformó en más de un millón de euros de deuda, una cantidad impagable para la familia. Ahora el legado de Padilla será dividido y subastado.

Varios problemas se unen en esta situación que podemos ver reflejada en otros museos que como el Chillida Leku, se han visto obligados a cerrar sus puertas por problemas de sostenibilidad y de mala gestión. Por un lado, la dificultad para afrontar la administración profesional de bienes culturales con el bagaje exclusivo del amor familiar por la obra, por muy relevante que esta sea. Por otro, el conflicto entre el interés público y la gestión privada, que en casos como los comentados impiden una resolución adecuada y en tiempo.

Si los bienes a defender de la subasta –o del cierre al público, como en el caso del Chillida Leku– son relevantes para el patrimonio cultural de un país, deberían ser las instituciones públicas las que garanticen que ese patrimonio está disponible para su disfrute por los ciudadanos, al tiempo que se respetan los derechos del autor y de sus herederos. Pero lo que no se puede aceptar es que las familias reclamen apoyo económico público para defender sus propiedades privadas, al tiempo que impiden la gestión pública de los bienes que quieren defender.

Un terreno resbaladizo en el que hay buscar estabilidad y satisfacción de demasiadas partes, pero inevitable de transitar si de lo que se trata es de defender el patrimonio cultural.

 

PD: Chaplin incluyó la melodía de La violetera en su película “Luces de la ciudad”, pero no incluyó el nombre de su autor. Aquí está disponible la versión de Raquel Meller en You tube.

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Eh, Cultura, que viene el lobo

Hace unos días intervine en el X Foro de la asociación de gestores culturales de Andalucía, GECA, que se celebró en Málaga. El encuentro se titulaba “Administración pública y sector privado, ante un nuevo paradigma de la gestión cultural”, y la organización, con el afán de ofrecer dos visiones sobre el problema, nos invitó para abrir el debate a Javier Romero, gestor  público de Getafe, y a mí mismo, dos discursos bien diferentes.

En mi opinión es un falso conflicto el que se establece en torno a este complejo tema. Porque al englobarlo bajo el epígrafe genérico de “privatización”, se induce a pensar que se trata de poner la Cultura “en manos” de las empresas. Y no es así.

No se habla de privatizar las líneas maestras de la cultura, la estrategia, es decir, las políticas culturales, cosa que la Constitución adjudica a los poderes públicos; tampoco se habla de privatizar los espacios o vender su titularidad a empresas privadas. ¿Entonces de qué hablamos? Ni más ni menos de cómo organizar la gestión diaria de este servicio público que es la cultura. Y que, al igual que otros servicios públicos, puede ser gestionada tanto por la iniciativa privada como por la pública, indistintamente. La elección  de una u otra fórmula ha de apoyarse en criterios de calidad en la gestión, de control, de evaluación, de satisfacción de los usuarios…, y de desfuncionarizar y economizar, claro. Pero, el objetivo prioritario no debe ser en ningún caso la reducción de costes sino el mejor y más sostenible servicio al ciudadano.

Actividades culturales claves, como la edición de libros o música, o la producción y comercialización de cine, son gestionadas hoy por empresas privadas. Otros servicios públicos como el transporte, la limpieza, las comunicaciones, la sanidad, la educación…, son escenarios de convivencia de modelos de gestión públicos, privados y mixtos. Y no pasa nada. Ahora bien, en su implantación se han cometido graves errores, de descontrol, politización, falta de transparencia y ausencia de evaluación –entre otros-; Por eso en Cultura debemos empeñar todas nuestras fuerzas en evitar esos errores.

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De pelis y palomitas

El Ministerio de Cultura propone un programa de actualización de las salas de cine en base a su digitalización, con un presupuesto de tres millones de euros, a duplicar tras los acuerdos con las comunidades autónomas que se sumen. Ángeles González Sinde señala que la medida busca mejorar la calidad en la exhibición y recuperar espectadores. En mi opinión el apoyo a la distribución es necesario pero no entra en el fondo del problema del cine visto en salas.

Si el sector de la distribución quiere que los espectadores no abandonen las salas y que los que lo han hecho retornen, deberán ofrecer valores añadidos muy superiores a los actuales. En otros post anteriores he subrayado que las salas maltratan a los espectadores con espacios hiperexplotados que a menudo dificultan la limpieza entre sesiones; hiperexplotación que conduce a la expulsión urgente de los espectadores por la parte de atrás para ganar tiempo, como si de detritus se tratara; locales en los que si quieres tomar un refresco abusan desmesuradamente de los precios haciendo sentir al espectador algo muy cercano al atraco a palomita armada.

Todo ello expresa que las salas piensan poco “en espectador”, en público. O mejor, parece que piensan que los públicos siempre estarán ahí, dispuestos a ser maltratados a cambio de ver hoy lo que en unos meses podrán ver en su propia casa. Señores y señoras de la distribución: deberían ponerse a aportar valor a su trabajo. En ofrecer momentos de satisfacción añadidos que hagan que la memoria del usuario del cine en sala se acerque a lo memorable. Tal vez encuentros y debates con actores en directo tras algunos pases, tal vez información escrita de la obra entregada a los asistentes, tal vez comunicación individualizada, previa y posterior, con los clientes…

Cuando los espectadores sienten que son tratados como personas importantes, vuelven. El cine disfrutado colectivamente es un valor que no debe perderse, que quienes aman el cine no quieren perder. Pongámoslo fácil.

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Más madera 3: Gerardo Vera

El director del CDN, Gerardo Vera, se autoprograma,  y tendremos la fortuna, además, de que esté con su Woyzeck más tiempo que  ninguna otra obra esta temporada. Gerardo Vera ha decidido montar a Georg Büchner, un poco conocido autor español que se suma a la larga lista de autores ibéricos de esta temporada y que precisaban desesperadamente darse a conocer a través del Centro Dramático Nacional: Tennesse Williams, Heinner Müller, Harold Pinter, Eduardo de Fillippo, Anton Chejov, William Shakespeare

Hay que reconocer sin embargo a Vera, el esfuerzo de abrir las puertas de este teatro “nacional” a nuevos autores extranjeros como Alfredo Sanzol, El brujo, José Ramón Fernández, Rodrigo García, José Manuel Mora o Margarita Sánchez.

Ciertamente algún mal pensado dirá que eso de programarse a sí mismo se ha hecho siempre, en éste y en cualquier teatro público que se precie. Ahí está otro Tennessee Williams, el de Gas, en el Español por ejemplo. Lo dicho, mal pensados que creen que la gestión entregada a artistas tiende a confundir las cosas y poner la gestión al servicio de uno mismo.

Y al tercer día…, paró, que me estoy poniendo un poco pesadito con tanta madera

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Más madera 2: Matadero de Madrid

Se anuncia la apertura de nuevos espacios de creación en el Matadero de Madrid. Desde una fotografía que ilustra la noticia, veo a Gallardón junto a Alicia Moreno, sonriente de verdad (A Alicia siempre le digo que sonríe como pocos y que da unos besos maravillosos de saludo). Una noticia para estar contentos. Porque una ciudad como Madrid y una sociedad como la española, necesitaban territorios de creación, de exhibición, de encuentro cultural, de vanguardia… Y los múltiples espacios –cerrados y abiertos- del Matadero son perfectamente adecuados para ello.

Solamente cabe pedir, exigir, que los procesos de explotación, las cesiones, los contratos, los presupuestos, la gestión en suma, sea transparente. La cultura necesita que los públicos entren en ella abriendo puertas y ventanas. La cultura necesita equipos –no sacerdotes- y que la sociedad civil sea su aliada estratégica. La cultura necesita democracia. Quizás un amplio Consejo representativo con poderes al margen de los partidos políticos ayudara en esa dirección.

Y mañana, más

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Más madera 1: Ignacio Duato

 

Ignacio Duatoprohíbe” a la Compañía Nacional de Danza exhibir “sus” coreografías a partir de julio de este mismo año. De esta manera se suma a la oleada prohibicionista que asuela el país.

La cosa no pasaría de mostrar el talante egocéntrico y vengativo de un bailarín que vivió, trabajó y creó durante veinte años gracias a los presupuestos generales del estado. Porque lo que creó esos años está teñido del dinero de todos los españoles, y así como nadie debe poner en duda su autoría, nadie debe olvidar –él el primero- que lo hizo porque todos le pagamos y eso genera unas deudas, al menos, de honor. Que ahora ceda sus creaciones al Teatro Mijáilovski, de San Petersburgo, donde es director artístico de su ballet, solamente empeora las cosas. Nos insulta a todos los que un día admiramos sus trabajos.

Algún responsable, en todo caso, debería responder por este desaguisado. Alguien permitió contractualmente que las creaciones de Duato estuvieran adscritas a su nombre en exclusiva y no a la compañía que lo acogió durante dos décadas.

Y mañana, más

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Película salvacines

Sería impensable que algún intelectual afirmase públicamente que la existencia de Don Simón es un desastre y le dedicara sesudas y elaboradas críticas y lindezas, por más que su gusto se inclinase por “riberas”, “riojas” o “somontanos”.

Pues bien, hoy se estrena Torrente 4: Lethal Crisis, sobre la que multitud de voces eruditas expelen vitriólicos juicios. Algunas, es obvio que por envidia de sus prometedoras cifras; otras, por el estilo grosero, desvergonzado y chabacano que inspira la película y que en realidad son su “nicho de mercado”.  Porque el trabajo de Santiago Segura responde a la demanda de un mercado en el que las exigencias culturales no son predominantes sino expresión de un sector culto minoritario. La mayoría reclama ocio y en el mejor de los casos ocio cultural.

La industria cultural de un país se asienta en la existencia de productos con un alto retorno económico sobre la inversión inicial. Los beneficios generan no solamente bienestar para los productores sino capitalización para el sector y posibles inversiones en nuevos productos artísticos que buscarán similar rentabilidad. Con sus tres películas anteriores Torrente recaudó 51’4 millones de euros, muy cerca de los 69,7millones recaudados por todo el cine español en 2010. Nada de malo. Y en todo caso, al mal cine se le combate con buen cine, y a la falta de cultura con educación y cultura accesible. Lo demás son deseos de elites con vocación paternalista.

Por primera vez iré a ver el trabajo de Santiago Segura, y trataré de aprender de su inmejorable lanzamiento, incluido el empleo de twitter y Spotify y la comercialización en 3D. Atento también al hecho de que una sola película pueda “salvar” el cine español en 2011. Sin más comentarios.

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Paloma Pedrero

Paloma Pedrero es uno de nuestros mejores autores teatrales. Sí, he dicho uno, a despecho de ese falso feminismo que reduce la importancia simplemente asignando género. O por decirlo de otro modo, no es una de nuestras mejores autoras, sino de todos los que escriben teatro. Claro, ahora puedo decirlo en alta voz sin ser acusado de intereses o parcialidad. Ahora que llevamos casi seis años separados, aunque mantengamos el querer de quien se amó mucho, y una hija que amamos ambos.

Paloma Pedrero debería haber estrenado sus obras en el Centro Dramático Nacional hace muchos años…, si ese organismo no hubiese sido a menudo reducto de prejuicios, amiguismos y masculinismos. Sigo considerando que un autor que estrena fuera con la regularidad que ella estrena, que está en las más importantes antologías de literatura española del mundo, que ha sido maestra de muchos de quienes hoy son considerados autores teatrales…, debería ser tratado por las instituciones con más equidad.

Pero lo relevante, para uno mismo y para la Historia, si es que uno llega a ella, claro (ninguno lo veremos), es escribir, seguir pariendo obras que vuelen o puedan volar, obras buenas que manchen los papeles de lágrimas cuando las lees. O de risas suaves o escandalosas, que también. Obras que te transformen. Y Paloma sigue escribiendo, haciendo poesía y hasta humor del mucho dolor ajeno…, y del propio.

Paloma tiene un cáncer canalla en el colon y nos lo ha empezado a contar en La Razón todos los domingos, en el suplemento “A tu salud”. Lo seguirá haciendo hasta que venza en esta guerra. Porque vas a vencer. Vamos a vencer, Palo.

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