Cultura y redes sociales, 3er debate cultural…con jamón

Ayer, celebramos en nuestra sede de elmuro el tercer Debate cultural… con jamón, sobre Cultura y redes sociales. Asistieron dos docenas de gestores culturales y lo animaron dos jóvenes veteranos expertos, David de Ugarte (autor de “El poder de las redes”) y Javier Martín Balsa. Sigámosles, porque tienen mucho que decir y muy útil para quienes trabajamos en el universo de lo cultural y lo social.

Las redes son nuevos sistemas de comunicación que David denomina “distribuida”, por estar poco influida por la jerarquización, y que exigen una nueva forma de relación amistosa, de igual a igual, con las comunidades de intereses que las componen. El conocimiento de su funcionamiento, sus reglas es imprescindible para las organizaciones culturales. Como lo es cambiar el modelo de relación con nuestros compañeros de viaje –públicos, audiencias, clientes, usuarios…-, que deben pasar a ser socios a los que escuchar y a los que dar papel en la marcha de cada proyecto que les propongamos.

Lejos de considerar las redes sociales como un nuevo juguete con el que relacionarnos, hay que considerarlas un sistema de comunicación y de acción, que empleado con sabiduría puede contribuir a la transformación cultural. Con sabiduría. Sin oportunismos.

Deja un comentario

Archivado bajo Audiencias, Gestión cultural, redes sociales

La danza en España: a buscar nuevos rumbos (ya lo decía Tagore)

Las compañías de danza perciben el abismo, sienten que en apenas un año se ha producido un enorme retroceso en un camino apenas iniciado. Debatimos el tema sobre el escenario del patio interior de SGAE, con tres premios nacionales de danza: Mónica Runde, Teresa Nieto y Carmen Werner, después de que con su actuación cerraran el XV Ciclo SGAE de Lecturas Dramatizadas, que también incluye coreografías. Estaba presente Óscar Millares, de Fundación Autor.

Ellas –y casi todas las compañías de danza– lloraban su desencanto por el tratamiento de la danza en España. El dinero público ni está ni se le espera; los programadores contratan poquísima danza; los espectadores apenas conocen la danza contemporánea, y sin conocer mal se puede apreciar. Yo les decía que tienen que compaginar en el norte de su brújula el arte con la gestión empresarial. Que aunque sigan exigiendo atención del estado, deben poner en segundo plano a sus clientes institucionales porque el dinero público para el arte está en retroceso; que deben diversificar sus clientes buscando modelos de relación directa con ellos, bien agrupando esfuerzos y adentrándose en la gestión de un espacio propio de exhibición, bien vendiendo su arte en otros hábitats hasta ahora inexplorados. Me ofrecí a tener una sesión de reflexión sobre el particular, sobre cómo innovar el mercado de la danza desde la gestión. No son tiempos de lágrimas, aunque duela, sino de buscar nuevos rumbos. Como decía Tagore, “si lloras por haber perdido el sol, las lágrimas te impedirán ver las estrellas”. Y las hay; tiene que haberlas.

1 comentario

Archivado bajo artes escénicas, Gestión cultural

Calidad en el arte… y en la atención a los públicos

Dirigido por Alberto Fernández Torres, pensador imprescindible en el ámbito cultural, se celebró hace unos días en Almagro un Taller dentro de la Escuela de Verano de La Red de Teatros, en torno a la Calidad en las artes escénicas. El objetivo era poner en común y ofrecer a los responsables de los teatros públicos, criterios lo más objetivos posibles para la evaluación, y por lo tanto para la selección, de las obras escénicas. En la mesa estaban también, Eduardo Pérez Rasilla, Alex Ruiz Pastor, Manuel Fernández Vieites, y yo mismo. Mis compañeros hicieron una excelente aproximación a los criterios que han de ser tenidos en cuenta para valorar un espectáculo. En el fondo de este tema está la necesidad de proponer un lenguaje y un corpus de conceptos comunes al sector, como lo tienen otros ámbitos, para que pueda realizarse la tarea de evaluación lo menos subjetivamente posible. Desterrar el “me gusta o no me gusta”, que tan solo refleja el dominio de la subjetividad y el todo vale. Bien.

Alberto, con una incomprensible confianza en mis posibilidades, me encargo que toreara el miura: la calidad desde la demanda, desde los espectadores. No sé si mis conclusiones fueron del todo bien recibidas por la concurrencia. A mi modo de ver, la calidad no es el primer componente racional de los públicos de artes escénicas, aunque sí lo sea para los más aficionados. Lo que esperan y buscan la mayor parte de los espectadores es que sus expectativas se vean satisfechas, y que la experiencia sea lo más memorable posible. Y para que esto se produzca la calidad es importante, pero son decisivos valores añadidos a los que actualmente el sector no da excesiva importancia. Un espectáculo es algo más que lo que se produce en el escenario: es el viaje, la experiencia, la comodidad, el aparcamiento, la información, la atención y la sonrisa de los empleados, la comunicación previa y posterior… Y los gestores –públicos y privados- siguen demasiado preocupados por el arte y poco por los espectadores, por los públicos y por lo que ellos demandan y esperan, por tratarlos como clientes y usuarios de un servicio. Por hacer de su experiencia memoria rica.

1 comentario

Archivado bajo Audiencias, Gestión cultural

Poder de los técnicos o poder burocrático

La Compañía Nacional de Teatro Clásico está triste, ¿qué tendrá la CNT?  Muy sencillo, el teatro público ha vivido durante unas semanas las consecuencias de la funcionarización, de la dependencia del trabajo funcionario, irracional si es aplicado a la cultura, y a la escena en particular. Una huelga ha parado a la compañía y ha mantenido a los espectadores en ayuno. Un modelo funcionarial que permite que “trabajen” en turnos –incluidas las mañanas- cuando las representaciones son por la tarde; en el que organizar los horarios laborales es un infierno para el arte; que impide o dificulta giras por unos convenios que parecen suscritos para la minería y no para la escena.

Recuerdo una anécdota que en todos los años que llevo en la profesión más dolor me ha producido, estrechamente relacionada con este poder ejercido contra el arte. ¿O es que no hay otra manera de exigir derechos que hacer repercutir las consecuencias de las reivindicaciones en los compañeros artistas y en el público? A la anécdota. Hace casi dos años produje la ópera La Celestina, una ambiciosa producción privada liderada por la Fundación Ana María Iriarte. Era el estreno mundial de una pieza compuesta por Joaquín Nin-Culmell. La ilusión porque quedara registrada, y la incertidumbre de no saber cuándo se repetiría, nos llevó a negociar con las partes los derechos de grabación. Actores/cantantes, teatro y orquesta pronto dieron su aprobación, conscientes de la importancia de guardar memoria  de las obras de los autores españoles. Pero el coro de La Zarzuela se descolgó. Primero exigió cobrar suplementos si salían a escena. Cantaron entre cajas, claro. También exigieron cobrar aparte si se grababa, aunque sabían que nadie cobraría nada y que el beneficio de una grabación operística en España es nulo. La grabación obviamente no se pudo hacer. Se apoyaban en un convenio irracional que concede un poder sobre el arte desmesurado, de veto, a funcionarios de la voz. ¿Quién lo negoció?

Algo huele a podrido en Dinamarca, perdón en España, cuando un funcionario puede impedir que el arte sea apreciado por los ciudadanos. Algo hay que hacer para impedir desmanes que atacan al arte, y encima sin imaginación . Les aseguro que en las compañías privadas, en las que se cobra mucho menos, a ningún trabajador se le ocurriría cargar sus conflictos sobre el resto del equipo artístico, y mucho menos sobre el público. De sus problemas, que los tienen y muchos, hablaré en otro post. Ah, y si se sienten aludidos, respondan, por favor: garantizamos un muro donde colgar las opiniones.

7 comentarios

Archivado bajo Gestión cultural, polémica, Políticas culturales

El Maná ya no cae del cielo

El nuevo Centro Internacional de Cultura Contemporánea de San Sebastián, denominado Tabakalera por ocupar el antiguo edificio tabaquero de la ciudad, en el barrio de Egía, recibe, como otros muchos, el castigo presupuestario que la Cultura sufre en esta crisis que han creado otros. Joxean Muñoz, su director ha dimitido por no aceptar los recortes. No es el primero que hace lo mismo en los últimos tiempos.

¿Es que no hay otra solución que recortar presupuestos en Cultura? ¿De verdad que el castigo a los ciudadanos y a sus derechos culturales es la única manera de afrontar la reducción presupuestaria? Qué falta de imaginación tienen nuestros políticos –también muchos de los gestores culturales-, y qué escasa capacidad de iniciativa la de nuestras organizaciones culturales.

Nos hemos acostumbrado de tal manera al dinero público que cuando desaparece se nos abre el infierno bajo los pies. Pues podría no ser así, claro. En mi opinión hay otra solución al menos, que además introduciría cambios estratégicos en la gestión de la cultura. Pero parte de democratizar la gestión pública de lo cultural y de dar a la sociedad civil y sus organizaciones –empresas, fundaciones, organismos culturales privados, creadores, artistas- y al tejido cultural organizado, responsabilidades concretas en la gestión de los espacios públicos para los que las instituciones han decidido cerrar el grifo.

¿De verdad que es tan difícil imaginar Tabakalera gestionada por representantes de todas esas instituciones privadas que en San Sebastián HACEN cultura cada día. Claro que la democracia tiene riesgos, pero esta fórmula permitiría llenar de contenidos un edificio con la mitad del presupuesto anual previsto (quince millones de euros). Las instituciones en este caso, solamente deberían encargarse de que en esas nuevas manos se cumplieran los fines de servicio público que tiene la cultura. Los poderes públicos como guardias de tráfico cultural. Nada más. Y nada menos.

2 comentarios

Archivado bajo Gestión cultural, polémica, Políticas culturales

¡Menos Cultura que es la Guerra!

¿Os acordáis de aquella memorable escena de Los hermanos Marx en el Oeste? Pues eso, pero sin gracia alguna. El Gobierno ha decidido que contra la crisis en que nos hemos visto embarcados en buena medida por banqueros irresponsables y empresarios de construcción especuladores –y, cómo no, porque alguien muy poderoso se lo ha permitido- hay que adelgazar la administración para recortar presupuestos, también en cultura. Más madera.

Y así, la Biblioteca Nacional ha dejado de ser una dirección general y se ha suprimido la asesoría cultural en Moncloa. En el primer caso, Milagros del Corral se quejaba amargamente de ver la reducción de perfil de la BN; en el segundo, ha pagado el pato una brillante gestora cultural, Marifé de Santiago, y su equipo. Incluso los productores audiovisuales, tan bien tratados por la ministra cinemotógrafa hasta ahora, afilan sus armas ante los recortes anunicados.

De nuevo los bárbaros nos recuerdan que la cultura no es relevante en la configuración de la identidad y la historia de un país. De nuevo la cultura convertida en moneda de cambio, y además de perra gorda, para ¿mejorar? la imagen de quienes deciden en política.

2 comentarios

Archivado bajo Gestión cultural, polémica, Políticas culturales

Análisis de Audiencias

Hace unos días, la tarde del último día de abril, nos reunimos en los locales de elmuro un grupo de gestores culturales preocupados por el tema de cómo saber más de los públicos, cómo conocer sus gustos, opiniones, deseos, críticas. Respondíamos a una iniciativa del inquieto Raúl Ramos que había invitado a Stuart Nicolle, de Purple 7, a presentar su empresa, dedicada precisamente al estudio y análisis de las audiencias en cultura. Allí estaban, prestos al debate y generosos en sus aportaciones José Luis Rivero, Grego Navarro, Carlos Sánchez, Rosa Molleda, Alicia Moreno, entre otros muchos. Saber, conocer es la condición sine qua non para hacer política cultural.

En España sigue siendo infrecuente la preocupación por saber de los públicos, probablemente por el desmesurado peso que tiene en la cultura el dinero público y el funcionariado. Y por el exagerado valor que las organizaciones dan a sus propios productos, de los que suelen estar enamorados ciegamente. Purple 7 evalúa e informa estadísticamente cada día para sus clientes quince millones de entradas, una información que teatros y organizaciones emplean para comunicarse con sus clientes buscando su plena satisfacción.

En nuestro país ni siquiera las empresas de ticketing se han preocupado por extraer datos de sus ventas y aportarlos para mejorar la relación con los clientes e incrementar la demanda. Pero el problema de fondo es previo: el sector, los agentes que intervienen en la creación y en la exhibición de arte en España, están poco preocupados por conocer a sus públicos. Y la preocupación por conocerlos, por comunicarse con ellos, es paso primero e imprescindible para que el sector: teatros, compañías, gestores culturales, se relacione mejor con  los públicos.

1 comentario

Archivado bajo Audiencias, Gestión cultural, Políticas culturales

Los contratos-programa en la gestión cultural


La otra noche se celebró la reunión del jurado del Premio Dionisos-Unesco, que reconoce proyectos teatrales con un fuerte contenido social. En el jurado, liderado por Juana Escabias, están, entre otros, Eduardo Pérez Rasilla, Javier Villán, Pablo Nogales, Javier Huerta, Patricio Cano, Miguel Ayanz, Rafael Esteban, y yo mismo. Tras la cena-reunión, conversábamos en una esquina los tres últimos, Miguel, Rafa y yo. Que fuera en una esquina lo justifica una preciosa noche primaveral que convidaba a la esgrima verbal. El tema que nos entretuvo fue el de los contratosprograma en los teatros, auditorios o museos públicos. Dos términos que configuran un feo palabro, pero que expresan la hermosa confluencia de una pareja bien avenida. Contrato y programa.

Programa para que los contenidos ofertados a la ciudadanía responsan a un plan, a una estrategia, a unos fines conocidos y reconocibles como adecuados. Y no, como es harto frecuente en la actualidad, contenidos basados en los gustos de los responsables, en intercambio de favores o intereses, y, además, ayunos habitualmente de coherencia. Contrato, para que las partes que los suscriben –institución pública y responsable elegido para llevarlo a cabo- sepan y respeten los derechos y los deberes en él marcados. Un contrato que fije la estrategia cultural de la institución, el presupuesto, los objetivos, los valores, su duración misma; y que a la vez garantice la autonomía del responsable para ejecutar su proyecto, siempre, claro, dentro del marco establecido por el contrato-programa.

Estamos tan acostumbrados a que ningún responsable político y cultural explique sus proyectos –si los tiene-, y dé cuentas de su gestión, que una idea tan razonable como ésta, aparece casi como peregrina. Me viene a la memoria una famosa frase del discurso de Marco Tulio Cicerón contra Catilina (me tocó estudiar latín, qué cosas), que había pretendido asesinarle, y en el que critica duramente la corrupción: ¡O tempora, o mores!, decía nuestro amigo Marco. Pues eso.

6 comentarios

Archivado bajo Gestión cultural, Políticas culturales

La programación de los teatros públicos

El Avaro del Centro Dramático Nacional nos está saliendo caro. Vaya por delante que admiro a Juan Luis Galiardo. Me parece uno de nuestros grandes actores. Y además lo tengo por amigo. Vaya también por delante que Jorge Lavelli me parece uno de los grandes directores de escena actuales. Las cosas como son. Ahora bien, lo que me parece impresentable es que el Centro Dramático Nacional sea escenario de un desembolso desmesurado –un millón de euros, según El País– en la puesta en escena del Avaro, un clásico… francés.

Ya, ya sé que Moliére es un clásico mundial. Pero, ¿por  qué desde el Centro Dramatico Nacional se asume ese mensaje de gasto tan claramente desmesurado para los tiempos que corren? No importa tanto si en el presupuesto han colaborado instituciones públicas como la Junta de Andalucía o la de Extremadura: el dinero sale del mismo lugar. AL hilo de este estreno se me ocurren varias preguntas más. Por ejemplo, ¿porqué el CDN y no la Compañía Nacional de Teatro Clásico, que parece más lógico? ¿O parecería también estupendísimo que Eduardo Vasco montara un Belbel, por poner otro ejemplo inverso? Malos tiempos para la lógica. Malos tiempos éstos en que un responsable político parece tomar sus decisiones basándose en sus gustos o en sus relaciones y sin tener que rendir cuentas ante los ciudadanos de sus excesos.

El Avaro

3 comentarios

Archivado bajo artes escénicas, Gestión cultural, polémica, Políticas culturales

¿Calidad en el arte o…que se hable de ello?

En un reportaje de El País, que informaba del estreno en el Teatro Real de la ópera Salomé, de Óscar Wilde, decía su director, Robert Carsen: “Mi trabajo es ofrecer al público algo diferente a lo que han visto hasta ahora.” Carsen insiste varias veces en la idea de sorprender al espectador como una de sus tareas como director. La lectura del reportaje me provocó reflexiones sobre los fines del arte en la actualidad, y particularmente sobre la tendencia –en algunos directores obsesiva- por ofrecer lo antes nunca visto. Fíjense que no se suele hablar de la calidad o de ofrecer niveles de arte “mejores”, sino que el elemento de valor subrayado es lo diferente y el valor añadido de que se hable de ello. Algo así como si estuviéramos en una feria de coches en la que nadie hablara del motor y sí de los colores o de las formas de la carrocería.

Me preguntaba por la relación entre lo mejor y lo diferente y si siempre lo diferente es lo mejor, como se viene asumiendo en los medios culturales. Me preguntaba por qué se confunde diferencia con originalidad. Para alcanzar la primera basta con hacer algo que nadie haya hecho antes; o al menos que lo parezca. Para ser original hay que tener una identidad propia, profunda, única, originaria, recorrer un largo camino y a partir de un determinado momento ser único. Me preguntaba la relación entre ofrecer al público algo diferente y los presupuestos desaforados que a veces lo acompaña: de eso en la ópera saben mucho, pero también en el teatro. Me preguntaba también a dónde nos llevaría la búsqueda artística si está basada fundamentalmente en la búsqueda de lo diferente: tal vez a ver sangre en el escenario –con glóbulos rojos de verdad, claro. Ah, pero si eso está ya muy visto, ¿no?

Original

Diferente

Deja un comentario

Archivado bajo artes escénicas, polémica